El traje
Es de invierno. Los tacones deberían ser botas pero las que tiene no la hacen sentir cómoda. Negro es el sastre que moldea su cuerpo. Azul la bufanda al cuello. Rojo el labial, rosado el rubor, azul la línea que demarca su ojo. Perdida está su mirada. Llueve.
Escribe a la velocidad de sus diez dedos arreglados con pulcritud la carta de presentación para un cliente nuevo. "Nuevo", se detiene unos segundos a pensar en el significado de lo neo y si existe tal cosa o si todo es una modificación de lo previo. Salta entonces al primer beso y se pregunta si los besos subsiguientes son nuevos. Después piensa en la primera vez y si las otras veces no son también primeras. Se dice que son bobadas lo que piensa y se pregunta si alguien más se hará planteamientos tan estúpidos en tiempo de trabajo. Quiere pensar, porque sentir duele y ha visto que las personas racionales parecen más exitosas que las emocionales. ¿Será cierto?
El día transcurre sin lágrimas.
Para eso usa delineador. Para forzarse a
no llorar. Para que el azul haga las veces de vidrio
de pecera. Para que todo esté en su lugar
y su mente dé la apariencia
de racional. Fue su propósito inicial pero es imposible lograrlo. Todo en ella es emoción. Como el agua de su ascendente
Escorpión.
El semáforo cambia.
Camina con cuidado
un Centro que sólo
ve de día. Cree
escuchar el celular
pero es el de otra
persona. Sólo la ciudad
le habla y sus sonidos
la hacen sentir
sorda y analfabeta. Ve a un hombre de sombrero
doblar en la esquina. Aún tiene tiempo antes de la cita. Lo sigue
por reflejo. Hace poco perdió a
un amigo y ese amigo usaba sombrero.
Un amigo que hablaba el mismo lenguaje de la ciudad: en pocos días se la devoró entera;
la quiso sin palabras, la odió con ellas. El amigo...
Fue acertado usar delineador de pecera. El otro hombre aceleró el paso y lo perdió cerca del Pablo Tobón. Se preguntó si sería actor. ¿Por qué no? Quiso saber si ella podría aprender eso de la actuación. Le vendrían bien unas clases ahora que no tenía un nuevo amigo. El traje la hace lucir exitosa. Va a la cita y tiene un "nuevo cliente asegurado", llena la planilla y regresa triste a su oficina. En el trayecto, la ciudad le araña las mangas, le muerde las piernas y le azota la espalda. Llega a su apartamento y se acuesta vestida y sin comer. Al día siguiente, se cambia la camisa y lo nuevo... comienza otra vez.






