miércoles, 22 de julio de 2026

Las pantuflas y el cojín

 

Las flores sobre el cojín te van a devorar entera. Que no digas que no te lo advertí. Vamos, no me mires así, ese reojo no te luce, pregúntame más bien para dónde vamos ahora. ¿Cómo así que no quieres salir? ¿Ahora por qué? Ah no, ese cuentico del tráfico no te lo creo porque el que conduce soy yo.

La pereza te come una vez estás en casa. Odio cuando te pones las pantuflas de día porque es una declaración siniestra de tu voluntad.

Pero mira que hoy hay rebajas, que podemos comprar la carne  más barata en el supermercado y hasta el salmón sale favorable. Ah, ya sé por qué no quieres, porque el que cocina también soy yo.

Te tengo muy mal acostumbrada, desde que decidí ser el amo de casa estas son las consecuencias que no preví.  Después de cenar, te pones a ver televisión y no me conversas ni un poquito. 

Para ser honesto no sé cómo seguir así...pero te amo mujer, no importa que no abandones el cojín, que elijas las pantuflas y no me acompañes de compras. El salmón siempre podrá esperar si me dices cuando al arroz le falta sal o si el jugo está muy dulce para ti.  

jueves, 16 de julio de 2026

Love is blue

 


Es jueves. El fin de semana apenas se asoma y, como para mí todos los días son iguales, hoy quise levantarme tarde. Me preparé un desayuno-almuerzo y luego tomé café; como quien dice, a la inversa.

Hoy tocaba lavarse el cabello y disfruto esos minutos de más que debo permanecer bajo la ducha porque, si no, toca usar gorro, y ese no me gusta. Mi cabello ha crecido mucho, pero aún no sé cómo manejarlo. Mi carita redonda me recuerda a la de mi madre, con quien, por cierto, soñé hace unos días. La vi acariciándome los pies al borde de la cama, con esa ternura tan suya que, al despertar, tuve la sensación de que seguía aquí.

Entonces volvieron tantos detalles suyos: sus pies inquietos, el rojo intenso de su esmalte, su fascinación por Paul Mauriat, la ternura con que me decía "Mimi" o "la crispetera", porque siempre estaba creando algo.

Recuerdo ese gesto que hacía con la boca cuando desaprobaba algo y no encontraba fácil decir que no. Siempre estaba abierta a escuchar mis historias, mis desamores, mis amores, mis ilusiones. Se limitaba a oírme con cierto asombro y una inquietud silenciosa frente a mis osadías.

Amó tanto a papá que olvidó amarse a sí misma. No sé qué veía cuando se miraba al espejo, pero sé que su alma conservó siempre la ingenuidad de una niña.

Si estuviera conmigo, estaríamos conversando acerca de este blog, de la novela en curso, y me daría ánimo para enfrentar lo neurológico. Me gusta pensar que sigue haciéndolo desde donde esté, cada vez que soy yo quien se mira al espejo.


Love is blue


lunes, 13 de julio de 2026

Un duelo con jardín

¿Quién diría que este jardín fue parte de un duelo? Había muerto mi madre. Y aunque sospechaba que eran sus últimas semanas, viajé, no una, si no dos veces. Regresé descompuesta, adolorida, sin tener un Santo claro hacia quién dirigir mis súplicas.

 Pensaba que San Miguel ya había tenido suficiente tiempo sosteniendo la cabeza de Satanás y que por un instante podían cambiar de roles, porque así podía tener sentido mi dolor.

El jardín de la clínica era en un clima frío, sin embargo daba flores en sus canastas y sus rincones. Cuando me asomaba por la ventana, podía ver la luz del sol. Una pequeña biblioteca apenas si daba para distraer a los pacientes que podían leer y había una clase de artes para distraer la mente en manualidades donde nunca tuve motricidad fina.

Cuba continuaba en mí, La Habana, Matanzas, Hoguín, Guaimaro... sus boleros y mis colegas poetas venían en la maleta. Un chileno atrapó mi atención y por diez días tuvo mi corazón. Como era de esperar, perdimos el contacto y yo me enfrenté de cara ese duelo sin un cuaderno. 


miércoles, 8 de julio de 2026

Las manos aún me huelen a trementina


 Este es apenas el borrador de una composición que empecé hoy. El azul predomina sobre lo demás. El pocillo sigue a medio concluir; sobre la mesa descansa un objeto que pocos lograrían distinguir. No sabemos si el café aún está caliente, pero sí que lo serví para ti.


lunes, 6 de julio de 2026

Akelarre

 

Las mujeres amigas muchas veces nos reunimos a tomar el algo, a tejer, a pintar, a compartir viajes, a soplar sueños o a comer alrededor de una mesa.

Cuando somos amigas desde niñas, nos hemos visto crecer como el magnolio que había en el colegio. Hubo un tiempo en que necesitó tratamiento porque su tronco estaba débil.

Así también nos hemos sostenido unas a otras, impidiendo que los vientos fuertes nos sacudan o que los huracanes se lleven aquello que tanto tiempo nos ha costado construir.

Los rituales hacen parte de nosotras. Cada una, a su ritmo, con sus alegrías o sus quebrantos, comparte lo que necesita decir y guarda en silencio aquello para lo que todavía no encuentra el momento preciso.

Hace unos días celebramos nuestro propio akelarre. Nos sentamos alrededor de las cartas y, entre símbolos, preguntas, risas y silencios, compartimos un tiempo que, más allá de cualquier interpretación, nos recordó el valor de la amistad, de la escucha y de esos pequeños rituales que sostienen una vida.

martes, 30 de junio de 2026

Y si soñara...


 Con un proyecto a corto plazo. Con vivir fuera de la ciudad. Con mi cabello largo y lacio de nuevo. Cerca del parque de un pueblo en Oriente. 

Si me permitiera soñar como quien dibuja un proyecto. No estaría mal ¿cierto? 

No habrían de importarme el silencio ni la soledad porque a ambas de alguna manera estoy acostumbrada.

Ya no existiría el ruido urbano ni la contaminación ni los calores extenuantes. Me sometería a un cambio, a soltar mis apegos, a expandirme más allá de mis propios límites. 

Podría regalarme espacio para aprender muchas cosas nuevas desde lavar mi propia ropa hasta no usar el ascensor y subir caminando por las escalas. 

Pero primero señores, debo recuperarme de este transtorno neurológico para volver a contar con  la libertad de caminar por calles adoquinadas y de hacer llamadas solo cuando las considere necesarias. Sin más visitas que las aves en mi ventana.


Las pantuflas y el cojín

  Las flores sobre el cojín te van a devorar entera. Que no digas que no te lo advertí. Vamos, no me mires así, ese reojo no te luce, pregún...