lunes, 26 de octubre de 2026

El traje con bufanda

 

El traje

 

 

 

Es de invierno. Los tacones deberían ser botas pero las que tiene no la hacen sentir cómoda. Negro es el sastre que moldea su cuerpo. Azul la bufanda al cuello. Rojo el labial, rosado el rubor, azul la línea que demarca su ojo. Perdida está su mirada. Llueve.


Escribe a la velocidad de sus diez dedos arreglados con pulcritud la carta de presentación para un cliente nuevo. "Nuevo", se detiene unos segundos a pensar en el significado de lo neo y si existe tal cosa o si todo es una modificación de lo previo. Salta entonces al primer beso y se pregunta si los besos subsiguientes son nuevos. Después piensa en la primera vez y si las otras veces no son también primeras. Se dice que son bobadas lo que piensa y se pregunta si alguien más se hará planteamientos tan estúpidos en tiempo de trabajo. Quiere pensar, porque sentir duele y ha visto que las personas racionales parecen más exitosas que las emocionales. ¿Será cierto?


El día transcurre sin lágrimas. Para eso usa delineador. Para forzarse a no llorar. Para que el azul haga las veces de vidrio de pecera. Para que todo esté en su lugar y su mente dé la apariencia de racional. Fue su propósito inicial pero es imposible lograrlo. Todo en ella es emoción. Como el agua de su ascendente Escorpión.


El semáforo cambia. Camina con cuidado un  Centro que sólo ve de día. Cree escuchar el celular pero es el de otra persona. Sólo la ciudad le habla y sus sonidos la hacen sentir sorda y analfabeta. Ve a un hombre de sombrero doblar en la esquina. Aún tiene tiempo antes de la cita. Lo sigue por reflejo. Hace poco perdió a un amigo y ese amigo usaba sombrero. Un amigo que hablaba el mismo lenguaje de la ciudad: en pocos días se la devoró entera; la quiso sin palabras, la odió con ellas. El amigo...


Fue acertado usar delineador de pecera. El otro hombre aceleró el paso y lo perdió cerca del Pablo Tobón. Se preguntó si sería actor. ¿Por qué no? Quiso saber si ella podría aprender eso de la actuación. Le vendrían bien unas clases ahora que no tenía un nuevo amigo. El traje la hace lucir exitosa. Va a la cita y tiene un "nuevo cliente asegurado", llena la planilla y regresa triste a su oficina. En el trayecto, la ciudad le araña las mangas, le muerde las piernas y le azota la espalda. Llega a su apartamento y se acuesta vestida y sin comer. Al día siguiente, se cambia la camisa y lo nuevo... comienza otra vez.


viernes, 23 de octubre de 2026

Gaspar

Rebuznó, quizás por cansancio y su dueño comprendió que era momento de parar. Dejaría el bosal para otro momento y le daría agua para tomar. Habían recorrido una larga distancia y era más que justo descansar.

Don Juan Manuel había crecido con el mismo burro toda su vida. Lo heredó de su padre y recorrieron los mismos caminos con cargas de cestas de mimbre una y otra vez. Por fortuna las cestas no eran tan pesadas y su lomo rara vez se resentía.

El sol no era su verdugo siempre y cuando lo dejaran pastar de tanto en tanto y su dueño le daba zanahorias bien lavadas como premio, no en exceso porque el azúcar podía caerle mal. Él conocía bien a Gaspar. Su padre lo había bautizado así en honor a los reyes magos que siempre llegaban en enero también a la aldea.

Era tan buena la relación entre su burro y su amo que cuando las distancias eran largas, Don Juan Manuel le cantaba una canción de cuna así el burro durmiera parado. El que se quedada dormido era el amo hasta el día siguiente que Gaspar lamía su rostro para continuar la jornada. 

 

jueves, 22 de octubre de 2026

La inclumplida

Qué manía la tuya dejarme esperando. Estoy lista diez minutos antes de que me recojas y apareces media hora después. La oficina duerme y solo mi cubículo conserva la luz encendida. 

Esta vez sí me vas a oír. No quiero salir a cenar ni ir a cine, solo me place llegar a casa y entrar en la piyama, no importa que esté arreglada y "emperifollada".

Se descargó mi celular, qué vaina, ¿será que llamaste y me perdí tu llamada? Ups, quizás estés abajo esperándome y la inclumplida sería yo con la excusa de tener más trabajo del habitual.
 

Llanto de zapatos


 No son para la primera comunión, tampoco para la entrada al colegio ni para visitar el domingo a la abuela. 

Están desanudados, unos pies pequeñitos deben estar jugando en la sala, sin medias preferiblemente, acosados por el calor sin duda.

¿Cuántos años puede tener el niño? Es difícil calcular, quizás acaba de cumplir su primer año, ¿cómo fui tan torpe, pensando en la primera comunión o el primer día de colegio? No me percaté de su gracioso tamaño.

Debe estar aprendiendo a caminar. Necesita un sostén para hacerlo. Fueron un regalo del abuelo tal vez y como fue el primer nieto, está loco de contento. 

El niño cae, se da en la cabeza y muere. Su cuerpecito apenas si se sostiene en los brazos de su madre. El llanto se escucha cuadras a la redonda. El abuelo también llora, se siente culpable porque nunca debió habérselos regalado.

miércoles, 21 de octubre de 2026

El jugador


Quizás fue mirando el río Neva u observando el Rhin. Años diferentes la misma mujer, qué digo, mujeres distintas. 
Contemplar el agua, las nubes, sentir el viento, seria frente al paisaje aunque bien pudo divertirse con él. 

Lentes que en realidad no eran para el sol sino para su mirada. No quería que nadie fuera testigo de su asombro, de su manera de calcular las distancias, de sus comparaciones con el río de su  ciudad; del raudal, de la fuerza o es sosiego, de lo acho y el simpre largo. ¿Cuál sería cada mar destino? 

Pensaba cómo habría sido viajar con él. Papá la acompañó en otros viajes; solía relatar sus experiencias cada vez que conocía un país nuevo, costumbres diferentes, dialectos para aprender, siempre le regalaba un libro del país que visitaba, que si era Argentina, se traía la poesía completa de Borges, que si era Estados Unidos, la sorprendía con Capote o Hemingway o si se trataba de Uruguay no podía dejar escapar uno de Galeano.

Nunca fueron juntos a Europa. Ahora lo añora y se pregunta si ese río le está hablando de él. Sus ojos, que nunca fueron mansos parecen estar allí. ¿Qué le diría? Cómprate El jugador de Dostoviesky.


martes, 20 de octubre de 2026

Entre tacones y alfileres


 La moda con las mujeres es injusta. Después de acostumbrar los pies durante la infancia a los tenis, llegar a los tacones es casi una infamia, un capricho de la moda que realmente comenzó hace siglos y para los hombres de la realeza. No sé en qué momento decidimos emularlos y las consecuencias son estas: caminar sobre alfijeres.

Desde dos, tres o cinco centímetros hasta quince, nos elevamos sobre un suelo muchas veces de superficies complejas y nos vemos obligadas a conservar el equilibrio. ¡Qué maneras son esas!
Intenté aprender, en especial para las fiestas, pero siempre me dolían los pies. 

Es imposible aplastar una cucaracha con ellos y los dedos están tan comprimidos que no hay crema para aplicar que luego refresque su malestar. 

Sin embargo, mi abuela, como era bajita, nunca dejó de usarlos. A sus ochenta años todavía los tenía bien puestos porque de lo contrario se sentía descalza. Usaba sandalias con el tacón pequeño y sus pasos se sentían en la estancia antes de entrar. Sabía que era ella por el sonido agudo de su caminar. 

Entre gustos aunque digan que no hay disgustos, en mis pies, los hay.

lunes, 19 de octubre de 2026

Niño en la ventana

El museo no le resultaba tan atractivo como mirar por la ventana. Los jardínes es su simetría lo deslumbraron. Aquellas fuentes sin pájaros lo hacían preguntarse por qué allí no había María Mulatas y si las aves de invierno o de primavera tendrían otros abrevaderos o si a estos les estaba prohibida la entrada.

Sin darse cuenta, él parecía una pieza más del museo. Un niño tallado en marmol o un Suspiro de sal en blanco y negro en la estancia.

Su madre lo miraba de cerca, pero sin interrumpir su contemplación callada. Se preguntaba qué pensamientos podía sucitarle transitar Versalles y observar los frescos e imaginar que de veras estaba recorriendo un castillo.

No pensaba en el pasado ni en las cortes ni en los bailes ni en los tratados que allí tuvieron lugar, tampoco en los reyes y sus súbitos y el despertar como ritual que los monarcas debían realizar para satisfacer las exigencias de sus cortes. 

Tan solo observaba por la ventana y era tan sagrado que no su madre no se atrevió a interrumpirlo hasta que él se volteó y le preguntó: ¿Cuánto tiempo llevas ahí mamá?


 

El traje con bufanda

  El traje       Es de invierno. Los tacones deberían ser botas pero las que tiene no la hacen sentir cómoda. Negr...